Historia

 

Durante la Baja Edad Media (s. XI-XV) destacaron los núcleos de Elexalde, Elgetxu, Urkizu y los surgidos en torno a la ermita-parroquia de Sta. Lucía y San Cristóbal. En este último caso se observan enterramientos cristianos cerca del templo erigido entre el s. XI y XII. En el s. XIII la condición parroquial pasó de Sta. Lucía a la nueva construcción de Nuestra Señora de Elexalde. Sta. Lucía siguió manteniendo su importancia ya que cruzaba por ella el camino de herradura, que iba de Aramotz a Dima y Vitoria.Para quienes transitaban por el camino se construyeron varias ermitas y advocaciones: la advocación de San Cristóbal en la ermita de Sta. Lucía y la ermita de Sta. María de Aramotz (actualmente desaparecida) entre otras.Cuando el camino se dejó de usar, parte de la población de Sta. Lucía bajó al valle de Elexalde, llano y cercano a los ríos Arratia e Indusi, lo que facilitaba la agricultura.

Durante el Medievo eran constantes los abusos y las guerras internas de los señores feudales o jauntxos (Ugarte, Ubiritxaga, Irazabal...),sobre todo los de los Zumeltzu. La población se vio empujada a pedir ayuda a los Abendaño de Álava, dirigidos por Pedro Ortiz de Abendaño. Al llegar asolaron la casa Zumeltzu (s. VIII) reconstruida posteriormente fundada por Sancho Díaz de Noreña cerca de la iglesia de San Andrés.Los Abendaño edificaron ahí mismo la torre Urkizu, desde donde controlaban sus posesiones. Así, estos “Parientes Mayores” o nobles, se convirtieron en los jauntxos más poderosos al Sur de Bizkaia, dominando todo el valle de Arratia hasta el s. XVII. Acabaron cayendo en el mismo despotismo de casas anteriores apoyados por sus relaciones con la nobleza castellana, con la que llegaron a acordar matrimonios (con la casa Manrique, por ejemplo). Así se hicieron con los patronatos de varias iglesias realengas –Sta. María de Igorre y San Andrés de Zumeltzu entre otras y pudieron mantenerse en el poder. En el s. XVIII se produjo la derrota de los Abendaño frente a los notables de Igorre, coincidiendo con la muerte de su cabeza, Diego de Abendaño sin descendencia masculina. La heredad del señorío pasó, tras la muerte de la primogénita sin hijos de Don Diego, a su nieta, la condesa de Escalante. Al residir fuera, sus intereses y los de sus sucesores les representaría la figura de un administrador hasta el s. XIX. Mientras tanto, se afianzó la estructura política de las anteiglesias y el poder de los notables gracias al Fuero Nuevo de 1526. Éstos representaron a Igorre en las Juntas de Gernika con asiento y voto nº 65 desde 1558 hasta 1877.

En Igorre se nombraba a un fiel titular y a otro suplente para que rigieran las actividades de la anteiglesia durante un año. Estos fieles controlaban las cuentas del municipio, pesaban y medían (Igorre tenía el peso real del consejo que llamaban del quintal), imponían el precio del vino en las tabernas cada cinco días, pesaban el pan que allí se vendía y marchaban los días de fiesta y función a San Cristóbal con varas altas y grilletes (tenían derecho de prisión), que llevaban a modo de prevención y los mantenían todo el día colgados a la rama de algún árbol “para contener con el miedo las quimeras”.

Las reuniones del consejo local con el alguacil, el alcalde (o juez) y la mayoría de los caseros de la zona, se hacían tras la misa del domingo en los alrededores de la iglesia de Nuestra Señora de Elexalde.

Para acudir a las Juntas de Gernika debían saber letras, cosa que no sucedía con frecuencia en Igorre, por lo que normalmente no iban.

Los fieles eran siempre notables, los antiguos jauntxos habitantes de casas-torres, de entre los que destacaron los Ugarte y Ubiritxaga. También se alzaron nuevas casas enriquecidas por el comercio, como las de Galarza y Egía. Esta última, con Juan de Egía, consiguió el patronazgo de la ermita de San Juan Bautista del emperador Carlos V.

De los enlaces entre la vieja nobleza y los nuevos notables surgieron los protagonistas del s. XIX: los Vildosola-Alcalá Galiano y el Marqués de Casa Torre. Los primeros, con raíces andaluzas, consiguieron el título de condes de Real Aprecio por sus servicios a la Corona.

Los jauntxos eran los encargados de designar los cargos eclesiásticos en sus señoríos. Normalmente éstos recaían en los segundones de la familia, consolidando así su poder en la zona. En el caso de los Abendaño, los segundones preferían cargos con más rentas, acordes a su alta posición social, por ello se daban los puestos a personas externas aunque serviciales a la casa. En el siglo XVIII la iglesia hizo que sus clérigos se preocuparan más por asuntos eclesiásticos que por intereses materiales. Los párrocos pasaron a vivir en casas curales sin la compañía de sus parientes y dejaron de ser exclusivamente notables o nobles. Este origen popular y la bajada de las rentas a comienzos del XIX, llevó al clero vasco a apoyar las guerras Carlistas. En estas contiendas, el grueso del campesinado que había perdido progresivamente sus propiedades por la acumulación de deudas, protestaban por estos abusos.

A mediados del s. XIX se suprimen los diezmos. Este fue un fuerte revés para la iglesia que, sin embargo, ha seguido conservando su poder social casi hasta nuestros días. Desde entonces se produjo un proceso de paso del Antiguo Régimen al mundo moderno que culminó con la industrialización del núcleo en los sesenta. Este cambio fue tardío porque vino de mano de inversores externos atraídos por la cercanía de Igorre a zonas ya industrializadas.

La actividad política de Igorre durante el s. XX se puede enmarcar dentro de unas características similares al resto de municipios de sus inmediaciones: predominio en la vida pública local de caseros y miembros del artesanado y del pequeño comercio, próximos a corrientes ideológicas como el carlismo (jaimistas), en los primeros decenios de siglo, y posterior influencia de los partidos nacionalistas, hasta la caída de la II República. Con el advenimiento de la nueva etapa democrática no se producen cambios en la tipología de los partidos políticos, al tiempo que Igorre va tomando el papel de “capital” comarcal.

Bibliografía.

- Historia General de Vizcaya, de Iturriza

- Escudos de Vizcaya, de Javier Ibarra y Bergé

- Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco, de Auñamendi

- Historia General del Señorío de Vizcaya, de Dalmas

- Monumentos de Vizcaya, de Inmaculada Gangoitia

- Monografías de Pueblos de Bizkaia, de Ángel Larrea Beobide.